Veía grabaciones de bailarinas profesionales.
Y pasaba horas practicando frente al espejo de su habitación.
Cuando cumplió quince años nos dijo que quería dedicarse profesionalmente a la danza.
Mauricio y yo sabíamos que sería un camino difícil.
No teníamos una fortuna.
Yo trabajaba como administradora en una clínica.
Mi esposo era supervisor de obras.
Y entre la hipoteca, los gastos de la casa y la escuela de Camila, casi nunca nos sobraba demasiado dinero.
Pero verla bailar nos hacía comprender cuánto significaba aquel sueño para ella.
Así que decidimos apoyarla.
El otoño pasado ocurrió algo maravilloso.
Camila presentó una audición para ingresar a un programa avanzado de ballet en una reconocida academia de San Miguel de Allende.
Había decenas de aspirantes.
Muchachas con años de preparación.
Algunas provenientes de escuelas especializadas.
Nosotros intentamos no ilusionarnos demasiado.
1 thought on “EL MEJOR AMIGO DE MI ESPOSO LLEVABA A NUESTRA HIJA DE 16 AÑOS A SUS CLASES DE BALLET TRES VECES POR SEMANA. DE PRONTO, ELLA DEJÓ DE HABLARNOS, ESCONDIÓ SUS ZAPATILLAS Y COMENZÓ A LLORAR A PUERTA CERRADA. UN DÍA FUI A LA ACADEMIA SIN AVISAR Y DESCUBRÍ QUE MI HIJA NO ESTABA ALLÍ. CUANDO SU MAESTRA ME DIJO: «SEÑORA, ¿SU HIJA NO LE HA CONTADO LO QUE ESTÁ PASANDO?», SENTÍ QUE EL MUNDO SE ME VENÍA ENCIMA.”