PARTE 2: ABBY NUNCA FUE SOLAMENTE SU AMANTE

ver personalmente.

Regresé a Manila tres días después.

No fui al hospital.

Fui directamente al despacho jurídico.

Sobre la mesa había un certificado de nacimiento.

ABIGAIL REYES MENDOZA.

Padre:

ROBERTO MENDOZA.

—¿Es hermana de Gabriel?

—Eso parecía.

Hasta que hicieron una comparación genética utilizando muestras disponibles dentro de una investigación autorizada.

Abby no era hija biológica de Roberto.

Pero sí tenía una relación biológica directa con otra persona.

Con mi madre.

Me levanté de golpe.

—Mi madre murió cuando yo tenía quince años.

El abogado deslizó una fotografía hacia mí.

Mi madre aparecía sosteniendo a dos bebés.

Uno era yo.

El otro tenía escrito detrás:

ABIGAIL.

—¿Abby es mi hermana?

—Los registros sugieren que podría serlo. Necesitamos confirmarlo con una prueba independiente.

Entonces comprendí por qué Gabriel había gritado al ver la fotografía.

Él ya conocía la conexión.

Y había mantenido a Abby cerca durante años.

No por amor.

Por

mi herencia.

Mi madre había dejado un fideicomiso familiar valorado actualmente en más de cuatrocientos millones de pesos.

Yo siempre había creído ser la única beneficiaria.

Pero existía una cláusula:

Si aparecía una segunda hija biológica, ambas recibirían partes iguales.

—Gabriel quería encontrarla —murmuré.

—La encontró hace cuatro años.

Exactamente cuando comenzaron las transferencias.

Pero había algo que no encajaba.

—Si Abby podía reclamar directamente su mitad, ¿por qué robarme?

Mi abogado abrió el último documento.

La cláusula completa decía que la segunda heredera solo recibiría derechos si ambas hermanas estaban vivas cuando se verificara formalmente su parentesco.

Sentí que se me helaban las manos.

Entonces recordó la puñalada.

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