Mauricio bajó la voz.
—Daniela, no conviertas esto en un espectáculo.
Ella sacó el teléfono.
—¿Un espectáculo?
Abrió las transferencias.
—Ocho años.
Luego mostró el contrato.
—Una casa vendida.
Después las fotografías de los documentos.
—Una empresa a tu nombre.
Mauricio palideció.
—¿Quién te dio eso?
Daniela sonrió.
—Así que sí es verdad.
Él no respondió.
—Eso pensé.
Mauricio miró a sus padres.
—Mamá, papá, vámonos.
Su madre se aferró al brazo de Daniela.
—No.
Fue la primera vez que su madre se negó a obedecerlo.
Mauricio se quedó inmóvil.
Entonces Daniela recibió otro mensaje.
Esta vez venía del número desconocido.
**“Revise el expediente de la propiedad. Página 17.”**
Abrió el archivo.
Página 17.
Había una transferencia.
Pero no era de dinero.
Era una autorización.
La firma de su padre.
Y junto a ella aparecía una anotación: