—¿Qué más?
La voz respondió:
—Los documentos de sus padres.
—¿Qué documentos?
Silencio.
Luego:
—Los documentos que prueban que su hermano intentó quedarse con todo lo que usted enviaba desde España.
La llamada terminó.
Daniela miró a su padre.
—Tenemos que irnos.
—¿Adónde?
—A un lugar donde Mauricio no pueda encontrarnos.
Su madre comenzó a levantarse.
Pero en ese instante, un automóvil se detuvo frente a ellos.
La puerta se abrió.
Mauricio bajó.
Vestía camisa blanca, reloj caro y zapatos impecables.
Se acercó sonriendo.
—Hermana.
Daniela se quedó quieta.
—¿Qué haces aquí?
Mauricio miró a sus padres.
—Vine a buscar a mi familia.
Daniela se puso delante de ellos.
—¿Tu familia?
Él sonrió.
—Sí.
—Entonces explícame por qué nuestros padres están mendigando.
La sonrisa desapareció.
—No sabes toda la historia.
—Pues cuéntamela.
—No aquí.
—Aquí mismo.
Varias personas de la plaza comenzaron a mirar.