La niña pintó la cara del millonario dormido y terminó descubriendo al verdadero ladrón de la mansión

No se veía completamente porque la cámara estaba orientada hacia el sillón.

Pero sí se veía su reflejo.

Isabel había colocado años atrás un espejo enorme frente a una de las paredes.

Lo odiaba.

Ella decía que daba amplitud.

Aquel día terminó siendo el objeto más valioso de la casa.

En el reflejo podía verse a Víctor acercándose.

Miró hacia mí.

Después caminó hasta la estantería.

Sacó los libros verdes.

Accionó el mecanismo.

La imagen no mostraba el interior de la caja fuerte.

No hacía falta.

Todos vimos cómo sacaba el cofre.

Laura se llevó una mano a la boca.

Uno de los guardias miró a Víctor.

Yo no podía hablar.

Víctor sí.

—Esto tiene una explicación.

Lo miré.

—Estoy deseando escucharla.

—Me pediste hace semanas que revisara las joyas.

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