La niña pintó la cara del millonario dormido y terminó descubriendo al verdadero ladrón de la mansión

Alma continuó:

—Después abrió la pared.

Víctor me miró.

—Ricardo, esta niña probablemente te vio abrirla alguna vez.

—Nunca la he abierto delante de ella.

Laura dijo:

—Alma, ¿estás segura?

—Sí.

Víctor respiró.

—Está inventando para protegerte.

Entonces Alma dijo:

—Tengo el video.

Creo que el corazón de Víctor se detuvo un segundo.

—¿Qué video?

La niña salió corriendo.

Regresó con la tableta.

—Estaba grabando al señor Ricardo.

Me miró.

—Para ver su cara cuando despertara.

No era exactamente la clase de evidencia que yo esperaba encontrar aquella tarde.

Alma abrió la grabación.

Al principio aparecía ella acercándose a mí.

Su propia cara ocupaba media pantalla.

Susurraba:

—Parece un abuelo enojado.

—Alma —dije.

—Perdón.

El video continuó.

Dibujó los bigotes.

La nariz.

La estrella.

Entonces escuchamos pasos.

Alma desapareció de la imagen.

Yo seguía dormido.

Unos segundos después apareció Víctor.

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