La niña pintó la cara del millonario dormido y terminó descubriendo al verdadero ladrón de la mansión

Me dibujó una pequeña estrella azul en la mejilla.

—Para que no olvide.

—¿Cómo podría olvidarlo?

—Los viejos olvidan cosas.

—Tengo sesenta y tres.

—Eso dije.

La niña era insoportable.

Y terminé adorándola.

Un año después organicé una pequeña exposición benéfica para niños de escuelas cercanas.

Alma presentó un dibujo.

Representaba la biblioteca.

Yo dormido.

Un hombre frente a la caja fuerte.

Y una niña escondida debajo de una mesa.

El título era:

“Los adultos no miran abajo.”

Le pregunté qué significaba.

—Que todos estaban mirando las cosas grandes.

—¿Qué cosas grandes?

—La caja fuerte. El dinero. Las cámaras.

—¿Y tú?

—Yo estaba abajo.

Luego añadió:

—Y vi lo que ustedes no vieron.

Compré el dibujo.

—No está en venta —dijo.

—Todo tiene un precio.

—Eso dice usted porque es millonario.

—¿Cuánto?

Pensó.

—Una bicicleta.

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