PARTE 2 — EL SECRETO DE SALOMÉ

Ramira le acariciaba el cabello.

—Mi niña valiente…

Salomé levantó la cabeza.

—Mamá, ¿vas a volver a casa conmigo?

Ramira sintió que el corazón se le rompía.

No podía prometer algo que todavía no sabía.

Así que la abrazó.

—Voy a hacer todo lo posible, mi amor.

A las once y veinte de la mañana, el tribunal recibió la solicitud urgente.

La

ejecución estaba prevista para las dos de la tarde.

Cada minuto parecía eterno.

Finalmente, a las doce y diez, llegó una comunicación oficial.

El tribunal había ordenado una suspensión provisional mientras se examinaban las nuevas pruebas.

Ramira se cubrió el rostro.

Comenzó a llorar desconsoladamente.

Lucía la abrazó.

—Todavía tenemos mucho trabajo por delante, pero hoy no van a ejecutar la sentencia.

Salomé comenzó a saltar.

—¡Mamá se queda!

Méndez tuvo que apartarse unos segundos.

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