PARTE 2 — EL SECRETO DE SALOMÉ

Salomé negó.

—Era pequeña, como un teléfono. Tenía una luz roja.

El coronel sintió que el corazón comenzaba a latir violentamente.

—¿Dónde la escondió?

La niña miró a su madre.

—Dentro de mi oso de peluche.

Ramira se quedó completamente inmóvil.

—¿Toby?

Salomé asintió.

Toby era un viejo oso marrón que Alejandro le había regalado cuando cumplió tres años.

Durante el juicio, los investigadores habían registrado la casa.

Pero nadie había considerado importante aquel juguete.

Méndez tomó inmediatamente su teléfono.

—Necesito localizar ese oso.

La trabajadora social intervino.

—Salomé lo trajo consigo.

Todos se volvieron hacia ella.

La mujer señaló una mochila rosa que descansaba junto a la puerta.

Salomé se levantó.

Abrió la mochila.

Y sacó un oso de peluche desgastado, con una oreja parcialmente descosida.

—Nunca dejo que nadie lo toque —susurró.

Méndez observó el juguete.

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