otro día que hemos pasado juntos —decía siempre.
Cuando éramos recién casados, incluso me parecía una costumbre romántica. Pensaba que Victor simplemente quería que pasáramos unos minutos tranquilos juntos al final de cada día.
Con el paso de los años, aquella costumbre se convirtió en una parte importante de nuestra rutina.
No importaba si estaba cansada, si había tenido un día complicado o si prefería tomar otra cosa. Victor siempre preparaba los dos vasos.
—Esta noche prefiero tomar otra cosa —le dije un día.
—Solo es nuestro pequeño ritual.
—¿Por
Durante treinta y cinco años, mi marido compartió conmigo la misma bebida cada noche. Años después, llevé la botella a analizar y el resultado me dejó completamente sorprendida…

qué es tan importante para ti?
Victor sonrió.
—Porque me gusta compartir este momento contigo.
Finalmente, me senté a su lado.
La bebida tenía un aroma muy particular y un sabor bastante amargo. A veces dejaba una sensación extraña en la garganta y otras veces un ligero sabor metálico.
Lo más curioso era que Victor nunca la ofrecía a nuestros invitados.
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Cuando teníamos visitas, la botella permanecía guardada en el armario.
Un día, cuando nuestra hija Emily tenía dieciséis años, entró en la cocina y
vio la botella.
—¿Qué hay dentro? —preguntó con curiosidad.
Victor la tomó y sonrió.
—Es una receta especial de nuestra familia. Algún día te contaré la historia.
Emily se encogió de hombros y volvió a su habitación.
Yo, sin embargo, me quedé pensando en sus palabras.
Pasaron los años, pero nuestra tradición nocturna nunca cambió.
Una vez al mes, Victor recibía un pequeño paquete por correo.
Lo guardaba cuidadosamente y, poco después, aparecía una nueva botella sin etiqueta en el armario.
Cada vez que le preguntaba de dónde venía, respondía
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