Y entonces preguntó algo que le dolía incluso pronunciar.
—¿Spencer sabe esto?
Naomi guardó silencio.
—Encontré comunicaciones administrativas donde aparece su nombre como contacto para determinados pagos.
Abigail comenzó a llorar.
—Dios mío…
Samuel levantó una mano.
—Eso no demuestra por sí solo que Spencer haya participado en ninguna irregularidad. Necesitamos revisar los registros completos.
Naomi asintió.
—Lo entiendo. Por eso quería que buscaran asesoramiento legal.
Abigail respiró profundamente.
—¿Y mi hijo? ¿Está realmente enfermo?
La expresión de Naomi cambió.
—No tengo acceso autorizado a toda su información clínica, y no sería correcto que intentara obtenerla para ustedes. Pero las discrepancias que encontré son financieras, no un diagnóstico.
Abigail bajó la cabeza.
Durante meses había vivido aterrorizada ante la posibilidad de perder a Spencer.
Ahora también temía descubrir que él había utilizado aquel miedo para manipularla.
Esa noche recibió una llamada de su hijo.
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