—Señora Elena, entiendo que está recuperándose de lesiones graves. Podemos detener la entrevista cuando lo necesite.
Asentí.
—Quiero contarles todo.
Durante casi dos horas relaté lo ocurrido.
Les expliqué cómo Julian llevaba meses exigiéndome que transfiriera la propiedad de la casa.
Cómo Evelyn insistía en que una mujer casada no debía tener bienes que su esposo no pudiera controlar.
Cómo las discusiones habían empeorado desde que supieron que mi padre me había dejado la vivienda exclusivamente a mí.
Y finalmente describí aquella tarde.
—Julian me agarró por los hombros —dije con dificultad—. Me empujó hacia la estufa.
El detective tomó notas.
—¿Qué hizo después?
Sentí que las manos comenzaban a temblarme.
—No me ayudó.
Tragué saliva.
—Le supliqué que llamara a una ambulancia. Mi bebé todavía estaba dentro de mí.
Bennett guardó silencio.
—¿Y su suegra?
Las lágrimas me nublaron la vista.