El lugar donde Vivian dijo que Ethan me había visto.
Me vino a la mente un recuerdo, no de Ethan, sino de un pequeño coche plateado aparcado detrás de la clínica. Pertenecía al centro, no a mí. Los voluntarios lo usaban para repartir medicamentos y transportar a los pacientes que no podían pagar un taxi.
Lo había conducido varias veces.
Se me secó la boca.
—En el centro había un coche —dije—. Un hatchback plateado.
Ethan parpadeó una vez.
“¿Ese era el coche?”
Otro parpadeo.
La expresión de Jason se endureció.
“El informe policial identificó el vehículo de Ethan.”
Vivian lo miró.
¿Leíste el informe completo?
“Yo dirigía la empresa mientras la familia se ocupaba de los trámites con el hospital.”
“Esa no era mi pregunta.”
Jason apretó la mandíbula.
“No. Leí el resumen oficial.”
El bolígrafo de Ethan se movió de nuevo.
CAMBIADO.
La palabra se inclinaba hacia abajo en todo el tablero.
—¿No conducías tu propio coche? —pregunté.
Un parpadeo.
¿Estabas conduciendo el coche del centro de salud?
Un parpadeo.
La habitación parecía estrecharse a nuestro alrededor.
Tres semanas antes del accidente, mi padre había descubierto cuentas sospechosas relacionadas con Northbridge Holdings. Le había entregado su informe a una mujer pelirroja que afirmaba trabajar para Ethan.
Casi al mismo tiempo, Ethan visitó el centro de salud donde yo era voluntario.
La noche del accidente, él conducía un vehículo vinculado a ese centro.
Un vehículo que usaba con frecuencia.
—El accidente no iba dirigido a ti —dije lentamente—. Ya nos lo habías dicho.
Los ojos de Ethan se llenaron de urgencia.
Su pluma se deslizó por la pizarra.
INFORME.
“¿Northbridge?”
Un parpadeo.
“¿El informe de mi padre?”