El millonario despidió a 37 niñeras… hasta que un empleado hizo lo imposible

Después dejó de llorar.

Y poco a poco comenzó a dejar de hablar.

Primero con desconocidos.

Después con profesores.

Finalmente incluso con su padre.

Los médicos descartaron diferentes problemas físicos y la familia recibió apoyo profesional. Alejandro hizo lo que siempre hacía frente a algo que no podía controlar:

intentó solucionarlo con recursos.

Los mejores especialistas.

Una nueva escuela.

Actividades.

Viajes.

Profesores privados.

Y niñeras.

Muchas niñeras.

La primera, Beatriz, duró cuatro meses.

La segunda, seis semanas.

La tercera renunció.

La cuarta fue despedida.

Después Alejandro dejó de recordar sus nombres.

Cada vez que Valentina se encerraba en su habitación o rechazaba una comida, él pensaba que la persona encargada de cuidarla estaba fallando.

—Para eso les pago —decía.

Su hermana Mariana intentó advertirle.

—Alejandro, no puedes contratar a alguien para que haga desaparecer el duelo.

—Necesita estabilidad.

—Entonces deja de cambiarle de cuidadora cada mes.

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