—No tienes que demostrarle nada más a nadie. Vamos a proteger a las niñas, a Lorena y a los pequeños. Y esta vez no vas a enfrentarlos sola.
A las siete de la mañana llamé a Gabriela, la abogada que asesoraba a mi empresa. Le envié las pruebas. Me pidió conservar los archivos originales, evitar discusiones y acompañar a Lorena a denunciar las amenazas y buscar protección para sus hijos.
Ricardo pidió a Tomás, nuestro vecino y policía retirado, que estuviera presente como testigo. No quería una pelea frente a los niños.
A las nueve nos sentamos en la cocina. Gabriela llegó con una carpeta. Tomás se quedó cerca de la ventana. Lorena ya había vestido a Nicolás y a Sofi, y las dos maletas pequeñas estaban listas junto a la salida. Ricardo cuidaba a mis hijas arriba.