—Sí.
—Entonces terminaremos.
Fue aquella escena la que Alejandro encontró.
Valentina riéndose.
Las manos llenas de tierra.
Esteban intentando colocar una ventana.
Y después las palabras:
—Papá, él encontró a mamá.
Alejandro quedó helado.
—¿Qué dijiste?
Valentina señaló la construcción.
—La casa.
Él reconoció inmediatamente el dibujo.
Sofía había hecho algo parecido en una servilleta durante una cena.
—¿Quién te permitió construir esto? —preguntó a Esteban.
El tono hizo desaparecer la sonrisa de Valentina.
Esteban se puso de pie.
—Nadie.
—¿Utilizó materiales míos?
—Restos del almacén.
—¿Durante horario laboral?
—En mis descansos.
—¿Y por qué nadie me informó?
Valentina salió corriendo.
Alejandro cerró los ojos.
—Fantástico.
Esteban respondió:
—Eso que acaba de hacer es exactamente el problema.
Alejandro lo miró.
—¿Perdón?
—La niña estaba hablando.
—Es mi hija.
—Sí.
—Entonces no opine sobre cómo la educo.
Esteban pudo haberse callado.