El millonario despidió a 37 niñeras… hasta que un empleado hizo lo imposible

él no respondió:

“No pienses en eso.”

Preguntó:

“¿Cómo era?”

Esa pregunta abrió una puerta que llevaba cerrada casi dos años.

Hoy Alejandro tiene cincuenta y cinco.

Valentina quince.

La casita continúa en el jardín, aunque ella ya casi no cabe dentro.

Esteban está próximo a jubilarse.

Hace poco Alejandro le preguntó:

—¿Sabes qué fue lo imposible que hiciste?

—¿Conseguir que usted admitiera que estaba equivocado?

—Eso también.

Se rieron.

—Yo no hice nada imposible —respondió Esteban.

—Mi hija volvió a hablar contigo.

—Porque yo no necesitaba que hablara.

Alejandro quedó pensativo.

Esteban continuó:

—Todos los demás llegaban pensando “tengo que conseguir que esta niña vuelva a ser como antes”. Yo solo necesitaba arreglar un banco.

Quizá ahí estaba la explicación.

Treinta y siete personas entraron en aquella mansión con una misión:

Conseguir resultados.

Esteban entraba todos los días con una caja de herramientas.

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