El millonario despidió a 37 niñeras… hasta que un empleado hizo lo imposible

Había crecido algo de lavanda alrededor.

Exactamente como Sofía había planeado.

Encontró a Valentina sentada dentro.

—¿Puedo entrar?

—No cabes.

—Haré el esfuerzo.

Se sentó torpemente.

La fotografía de Sofía continuaba en la repisa.

Valentina preguntó:

—¿Todavía la extrañas?

—Todos los días.

—Yo también.

—¿Te duele?

Pensó.

—Diferente.

—A mí también.

Se quedaron en silencio.

Alejandro miró la pequeña construcción.

Pensó en las treinta y siete niñeras.

En médicos.

En viajes.

En actividades.

En todas las cosas que había intentado comprar para hacer desaparecer algo que nunca debía desaparecer.

El amor de una niña por su madre.

Esteban no había hecho magia.

No había “curado” a Valentina.

No había reemplazado a nadie.

Había hecho algo muchísimo más sencillo.

La escuchó sin intentar arreglarla.

Cuando ella dijo:

“Mamá quería una casa”,

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