Nosotros no teníamos millones de pesos.
Revisé los documentos.
Había vendido un terreno que había heredado de su padre.
Un terreno que, según yo sabía, planeábamos utilizar algún día para construir nuestra casa.
Sentí un golpe en el pecho.
Ben había vendido nuestro futuro.
¿Para qué?
El tercer sobre contenía una dirección.
Una pequeña nota decía:
«Si quieres entenderlo todo, busca a la señora Isabel Mendoza. Ella te contará lo que