06. La verdadera razón de aquellas máquinas
No había pedido ocho excavadoras por simple impulso.
Reconozco que, al principio, las llamé porque la rabia me estaba ahogando.
Pero conocía demasiado bien mi oficio como para confundir la justicia con la destrucción.
Las máquinas estaban asignadas a una obra cercana y Ramón podía trasladarlas sin alterar los compromisos del día.
Quería disponer de mis operarios para una tarea concreta.
Al entrar en la casa había observado algo extraño desde el pasillo.
El amplio jardín trasero, donde Lucía había plantado rosales, estaba parcialmente cubierto por una enorme construcción de chapa y bloques.
Recordaba perfectamente los planos originales.
Aquella estructura no existía cuando le entregué la vivienda.
Desde el balcón podía verse que habían levantado un almacén provisional, cerrado con una puerta metálica.