—¿Quieres salir de aquí conmigo?
Miró primero a su marido.
Después a su suegra.
Finalmente asintió.
Fue un movimiento casi imperceptible.
Pero bastó.
—Entonces nos vamos.
Mercedes intentó agarrarla del brazo.
—¡Ni hablar! ¡Todavía no ha terminado la limpieza!
Aparté su mano.
—No vuelva a tocarla.
Mi voz salió tan fría que hasta yo me sorprendí.
Lucía se acercó a mí.
Mientras buscábamos sus documentos personales, me habló en voz muy baja.
—Mamá, hay algo que necesito enseñarte.
Me condujo hasta el rincón donde dormía.
Levantó el colchón y sacó un pequeño teléfono envuelto en una bolsa de plástico.
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