Tenía los ojos llenos de lágrimas.
Ya sabía por qué llevaba tanto tiempo sin contarme nada.
La habían convencido de que mi ruina dependía de su obediencia.
04. El secreto del balcón
Guardé una copia fotográfica de los documentos en mi teléfono.
Después miré a Daniel.
—Antes de hablar de dinero, mi hija necesita atención médica.
—Ya la hemos llevado al médico —respondió él.
—Entonces no tendrás inconveniente en que la examine otro.
—No hace falta montar un espectáculo.
Saqué el teléfono y llamé a emergencias.
Solicité asistencia sanitaria y expliqué que había encontrado a una mujer con lesiones de distinta antigüedad, en una vivienda donde temía por su seguridad.
Cuando terminé, Daniel estaba pálido.
—Has cometido un error, Elena.
—No. El error lo cometí cuando creí en tus promesas.
Me volví hacia Lucía.