Su rostro seguía triste, pero por primera vez en mucho tiempo parecía respirar sin miedo.
—Mamá —dijo de pronto—, hay algo que no te he contado.
Dejé el vaso de agua sobre la mesilla.
—Puedes decírmelo.
Tardó varios segundos en encontrar las palabras.
—Hace cuatro meses descubrí que Daniel tenía otra mujer.
Sentí una nueva punzada de rabia.
—¿Desde cuándo?
—No lo sé. Encontré mensajes. Ella le preguntaba cuándo vendería la casa y cuándo se libraría de mí.
Lucía apretó la manta.
—Cuando lo enfrenté, me dijo que yo no entendía de negocios. Que todo lo que hacía era para nuestro futuro.
—¿Y después?
—Intenté marcharme.
Su voz se quebró.
—Preparé una maleta y compré un billete para ir a verte. Daniel me encontró en la puerta.
Se quedó callada.
Yo no la presioné.
Finalmente continuó:
—Me quitó el teléfono y me empujó. Me golpeé contra los escalones. Mercedes vio lo que pasó.