PARTE 3
—Soy Mariana Rivera y autorizo que mi esposo quede como responsable único de las operaciones bancarias de la empresa —decía la mujer en la grabación.
Reconocí aquella voz inmediatamente.
Era Vanessa Salgado.
La misma abogada que había contratado Arturo. La misma mujer cuya tarjeta de presentación encontré escondida en aquella cabaña.
—Esa no soy yo —dije, mirando al encargado de seguridad—. Es una empleada de nuestra empresa que mantiene una relación con mi esposo.
El hombre detuvo la reproducción.
—Entonces estamos ante un posible intento de fraude.
Le expliqué todo: el viaje, mi teléfono desaparecido, la hospitalización de mi padre y la venta sospechosa de nuestra bodega.
Solicité el bloqueo preventivo de las modificaciones y la revisión de cualquier operación extraordinaria.
El encargado llamó a su departamento jurídico.
Después de examinar mis documentos, cancelaron la solicitud pendiente y activaron medidas adicionales de seguridad sobre nuestras cuentas.