Nico llevó los anillos.
Lucía también asistió, invitada por su hijo, y lo abrazó orgullosa después de la ceremonia.
Cuando Tomás me tomó de la mano, recordé el día en que llegué por primera vez a aquella cabaña.
Había entrado sintiéndome abandonada, confundida y humillada.
Pensaba que el mundo se terminaba porque el hombre en quien confiaba me había traicionado.
Pero lo que entonces parecía mi peor desgracia había terminado mostrándome la verdad.
Mi primer esposo me llevó a aquel pueblo para apartarme de todo lo que amaba.
Jamás imaginó que precisamente allí encontraría personas que me enseñarían el verdadero significado de la lealtad.
Arturo había intentado dejarme incomunicada para quitarme mi futuro.
Y, sin proponérselo, me había conducido hacia una vida que nunca habría tenido el valor de buscar por mí misma.