—Mariana, estoy desesperado. Perdí mucho dinero haciendo inversiones. Pensé que podría recuperarlo.
—¿Con el dinero de mi padre?
—Todo empezó con una cantidad pequeña. Después perdí más y quise recuperarlo.
—Y en vez de detenerte, decidiste robar todavía más.
Arturo comenzó a llorar.
—No quería perderlo todo.
Lo observé en silencio.
Durante siete años había creído conocerlo.
Ahora estaba frente a un desconocido.
—¿Y nuestro matrimonio? —pregunté—. ¿También pensabas llevártelo por delante?
—Te amo, Mariana.
—No se abandona a la persona que amas en una casa sin comunicación mientras preparas un fraude a sus espaldas.
Intentó tomarme la mano.
La retiré.
—Voy a divorciarme de ti.
—Por favor, podemos empezar de nuevo.
—No. Tú tuviste muchas oportunidades de decirme la verdad. Elegiste mentir en cada una.
Salimos juntos de la cabaña.
Él debía regresar a Veracruz para responder ante los abogados de la empresa.