“Lo mismo”.
Ocho fines de semana de mentiras, desde principios de agosto hasta finales de septiembre.
Llamé a Nathan mientras Denise se quedaba al otro lado del teléfono fijo.
“Lo mismo”.
Directo al buzón de voz.
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Otra vez.
Nada.
“¡Cole tampoco contesta!”, gritó Denise.
Abrí el último mensaje de Nathan.
“Mamá, Cole y yo pedimos pizza. No nos esperes despierta. Te quiero”.
“¡Cole tampoco contesta!”
Escribí una respuesta.
“Nathan, sé que no estás en casa de Cole. Llámame ya”.
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Entregado.
No leído.
“Laura, ¿y si les ha pasado algo?”
“Ven aquí”, le dije. “Los vamos a encontrar esta noche”.
Escribí una respuesta.
***
Denise llegó veinte minutos después. Llamamos a los amigos de los chicos y buscamos en sus lugares habituales.
Nadie los había visto.
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Busqué en la habitación de Nathan y encontré un recibo debajo de la lámpara de su escritorio.