Al principio pensé que estaban preocupados.
Hasta me pareció bonito.
Mi hijo quería protegerme.
Eso me decía a mí misma.
Patricia comenzó a acompañarme al banco.
Yo nunca se lo había pedido.
Simplemente aparecía.
—Así te ayudo.
Después quería saber cuánto tenía exactamente.
Cuánto había en la cuenta corriente.
Cuánto en los ahorros.
Cuánto recibía por el apartamento.
Cuando le decía que no necesitaba compartir esa información, fruncía el ceño.
—Somos familia, Elena.
Como si ser familia eliminara mi derecho a la privacidad.
Una tarde me pidió que firmara un poder.
—Es por si te pasa algo.
Lo leí.
Le daba a Marcos una autoridad enorme sobre mis cuentas y propiedades.
—No voy a firmar esto.
Patricia sonrió.
—No entiendes cómo funciona.
—Entiendo perfectamente.
—Lo digo porque últimamente estás olvidando cosas.