Hoy tengo setenta y cuatro años.
Sigo administrando mi dinero.
Pago mis facturas.
Tomo mis decisiones.
A veces pido consejo.
Eso no significa entregar el control.
Julia estudia trabajo social.
Dice que aquel episodio influyó mucho en su decisión.
Marcos y yo cenamos juntos algunas veces.
Nuestra relación jamás volvió a ser exactamente la misma.
Quizá eso sea bueno.
La anterior estaba basada en una idea equivocada: que yo debía dar y él podía pedir sin límites.
La nueva tiene algo que antes faltaba.
Respeto.
Patricia y yo no volvimos a tener relación.
No siento odio hacia ella.
Simplemente no quiero que forme parte de mi vida.
La frase que me dijo aquella tarde todavía aparece algunas veces en mi memoria:
“Ya estás demasiado vieja para manejar tu propio dinero”.
Ahora me causa una extraña sonrisa.
Porque después de escucharla hice exactamente lo contrario a lo que esperaban.