Mi madre llegó con tortillas y comida casera, pero mi suegra lo tiró todo a la basura delante de mi esposo. “Que se vaya, aquí solamente ensucia”, dijo él. Me quedé mirándolo, fui por sus maletas y las dejé junto a la puerta. Esa misma noche descubrí que ambos llevaban meses hablando de una casa que jamás les perteneció.

—¿De dónde conseguiste esto? —pregunté.

—Un conocido trabaja con la empresa que recibió la solicitud. Me avisó porque reconoció tu dirección y sabía que esa casa era tuya. No me entregó el expediente completo; estas copias son las que podemos revisar contigo y tu abogado.

Llamé inmediatamente al licenciado Ricardo.

Cuando examinó los documentos, su expresión se volvió seria.

—Mariana, necesitamos actuar con cuidado. Una solicitud no significa que hayan hipotecado tu casa. Para constituir una garantía así hacen falta formalidades y verificaciones. Pero si utilizaron tu identificación y falsificaron tu firma, debemos denunciarlo.

Al día siguiente presentamos un aviso formal ante la institución financiera para desconocer la solicitud, pedimos que suspendieran cualquier trámite y comenzamos a reunir pruebas.

También iniciamos las acciones correspondientes por el posible uso indebido de mis documentos.

Lo que descubrimos después fue todavía más vergonzoso.

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