Me volví hacia Mauricio sin soltar la puerta.

 

No miedo de mí.

 

Miedo de lo que había detrás de aquella puerta.

 

—Tu padre me hizo prometer que nadie volvería a abrir ese sótano —repitió.

 

 

Mauricio la miró desconcertado.

 

—Mamá, ¿de qué estás hablando?

 

Patricia no respondió.

 

Yo sentí que el corazón me golpeaba

con fuerza contra las costillas.

—¿Conocías a mi padre?

Ella bajó la mirada.

—Mucho antes de conocerte a ti.

Mi madre apareció detrás de mí.

Tenía una mano apoyada en el hombro de Mateo y la otra sujetando a Sofía.

—Daniela, no.

Me giré.

—¿Tú también lo sabías?

Mi madre cerró los ojos.

Durante unos segundos nadie habló.

Entonces susurró:

—Tu padre me pidió que nunca te contara nada.

Aquella respuesta me dolió más que todo lo ocurrido esa tarde.

—¿Nunca?

Mi madre negó lentamente con la cabeza.

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