Sentí un nudo en el pecho.
“Me enamoré de ella.”
Cerré los ojos.
De repente recordé pequeños detalles de los últimos meses que hasta entonces nunca habían tenido sentido.
Las veces que Caleb salía diciendo que iba a estudiar.
Las llamadas que contestaba desde su habitación.
Aquella sonrisa que aparecía cuando miraba el teléfono.
Una tarde incluso le pregunté si había conocido a alguien.
Él se rio y respondió:
—Cuando tenga algo importante que contarte, serás la primera en saberlo.
Nunca llegó a hacerlo.
Miré a Elena.
—¿Lucía estaba enamorada de mi hijo?