—Su hijo, Santiago Salazar.
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
—¿Y quién presentó la documentación?
La gerente giró otra página.
Allí estaba el nombre.
Fernanda Robles de Salazar.
Mi nuera.
Durante varios segundos no pude hablar.
Después pregunté:
—¿Ya
transfirieron algo?
—La operación no se ha completado. Durante la revisión surgieron inconsistencias, por eso decidimos verificar directamente con usted.
Me llevé una mano al pecho.
—Gracias a Dios.
Verónica me miró con preocupación.
—Necesitamos que presente una declaración formal indicando que desconoce esta firma. También le recomiendo asesoría jurídica independiente.
Asentí lentamente.
—Conozco a alguien.
Esa misma tarde llamé al licenciado Arturo Beltrán.
Había sido abogado de Rafael durante más de treinta años.
Cuando le expliqué lo ocurrido, guardó silencio.
Después dijo:
—Elena, no firmes ningún otro documento hasta que nos reunamos.