PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

Sentí un escalofrío.

—¿De dónde salió esto?

Verónica pasó a la última página.

—Necesito que revise esta firma.

La observé.

Se parecía a la mía.

Pero había algo incorrecto.

La inclinación de la letra E.

La forma en que terminaba la z.

Rafael solía bromear diciendo que mi firma parecía una mariposa.

Aquella no tenía alas.

—Yo jamás firmé esto.

Verónica dejó de escribir.

—¿Está completamente segura?

La miré directamente.

—Señorita Verónica, tengo setenta y siete años, pero todavía sé reconocer mi propia firma.

Ella asintió.

—Entonces tenemos un problema importante.

Me explicó que el documento había sido presentado semanas atrás para iniciar una operación patrimonial.

Según la solicitud, yo había autorizado que determinados bienes fueran administrados mediante un fideicomiso.

—¿Quién aparece como beneficiario? —pregunté.

Verónica bajó la mirada.

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