PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

Era Verónica, la gerente del banco.

—Señora Elena, disculpe que la

moleste. Necesitamos que regrese a la sucursal.

Su tono era extraño.

—¿Ocurrió algo con las cancelaciones?

—No exactamente.

Escuché cómo cerraba una puerta.

—Estamos revisando unos documentos relacionados con un fideicomiso a su nombre.

Fruncí el ceño.

—¿Qué fideicomiso?

Hubo un silencio.

—Eso es precisamente lo que necesitamos aclarar.

Veinte minutos después estaba sentada frente a Verónica.

Sobre su escritorio había una carpeta blanca.

La abrió cuidadosamente.

—Señora Elena, ¿reconoce este documento?

Era un contrato de fideicomiso patrimonial.

En la primera página aparecía mi nombre completo.

Elena Salazar de Mendoza.

Mi CURP.

Mi dirección.

Y una descripción detallada de mis bienes.

La casa de Coyoacán.

Dos departamentos que Rafael me había dejado en Polanco.

Una pequeña propiedad en Cuernavaca.

Y una cartera de inversiones que habíamos construido durante cuarenta años.

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