Esteban empezó a hablar rápidamente.
“Mi esposa se cayó. Soy abogado y quiero dejar claro…”
“Señor, aléjese.”
“Fue un accidente.”
La oficial señaló el teléfono.
“¿También fue un accidente que terminara estrellado contra esa pared?”
Verónica intervino.
“Mi nuera está emocionalmente inestable por el embarazo.”
Desde la barra volvió a escucharse la voz de mi padre.
“Oficial, soy Tomás Salazar. Les entregaré por los conductos correspondientes todo lo relacionado con esta llamada. Les pido únicamente una cosa: sigan el procedimiento normal. Ni más ni menos.”
Me colocaron oxígeno y me subieron a una camilla.
Mientras me llevaban hacia la ambulancia, escuché detrás de mí:
“Esteban Valdés, coloque las manos detrás de la espalda.”
Las puertas de la ambulancia se cerraron.
Y comprendí que aquella noche no solo estaba intentando salvar a mi hijo.
Por primera vez en dos años, también estaba intentando salvarme a mí.