—¿Jefa?
—De todo.
—¿Incluso de ti?
Miré el sombrero que todavía llevaba en la mano.
—Especialmente de mí.
Sofía se puso el sombrero y sostuvo la lupa frente a un ojo.
Después me señaló con el dedo.
—Entonces tengo una nueva regla.
—Te escucho.
—Cuando un niño te dice que vio algo raro, tienes que creerle.
Me quedé mirándola.
Durante años había pagado fortunas por información, seguridad y lealtad. Había construido sistemas para vigilar puertas, cuentas y personas.
Y la traición más peligrosa de mi vida había sido descubierta por una niña de 5 años escondida detrás de un inodoro con una lupa de plástico.
Sonreí.
—Esa sí es una buena regla.
Sofía levantó la lupa como si acabara de resolver el caso más importante del mundo.
Quizá lo había hecho.