Cuando entramos al salón, Rodrigo me sujetó con fuerza de la cintura.
Me llevó hasta el escenario, levantó su copa y comenzó a burlarse de mi rostro ante todos.
Pero cuando le pregunté en voz alta por qué me había golpeado, acercó su boca al micrófono sin darse cuenta de que seguía encendido.
—Cállate, Elena, o haré que te encierren antes de medianoche.
Su amenaza resonó por todo el salón.
Entonces se abrieron las puertas.
Una mujer mostró su identificación de la fiscalía y levantó una carpeta frente a los invitados.
—Rodrigo Valdés, no se mueva. Tenemos órdenes judiciales contra usted y otras personas presentes.
Lo que ocurrió durante los siguientes minutos terminó destruyendo mucho más que la reputación de mi esposo.
PARTE 3
Rodrigo tardó unos segundos en comprender que aquella mujer no era una invitada más. Se llamaba Mariana Ortega y coordinaba el operativo de la policía de investigación. Mi esposo intentó recuperar su sonrisa de abogado famoso.