Arturo no la ayudó.
La amenazó con destruir su carrera y le ofreció un millón doscientos mil pesos para abandonar la empresa y guardar silencio.
Lucía conservaba correos electrónicos, grabaciones y documentos del acuerdo.
—Durante seis años pensé que nadie me creería —confesó—. Pero si está haciéndote lo mismo, tenemos que detenerlo.
Aquella conversación cambió mi vida.
Semanas después, una impresora atascada me permitió descubrir algo todavía peor.
Rodrigo había olvidado retirar varios documentos de su despacho particular. Entre ellos encontré transferencias de 248 mil pesos procedentes de fondos destinados a indemnizaciones de clientes.
Todas terminaban relacionadas con una empresa llamada Horizonte Consultores.
Reconocí inmediatamente el nombre de su propietaria.
Beatriz Valdés.
Mi suegra.
Los pagos se repetían con distintos expedientes, siempre por debajo del límite interno que exigía una segunda autorización.
Fotografié las hojas y contacté a Adriana Mendoza, una abogada especializada en delitos patrimoniales.