La voz por los altavoces
Abordamos casi al final. Nuestros asientos quedaban hacia el fondo, y Mason pegó la frente al vidrio de la ventanilla como si estuviera a punto de ver un milagro. Cuando la puerta de la cabina se cerró, los altavoces crujieron y llegó la voz de Tyler dando la bienvenida. La cara de Mason se iluminó entera.
—Mamá —susurró—, ese es papá.
Saqué el celular y empecé a grabar. Tyler dio el reporte del clima en Chicago, mencionó el tiempo estimado de vuelo y soltó uno de sus chistes malos sobre llegar antes de que alguien terminara un sándwich de aeropuerto. Mason se rió con ganas. Entonces hubo una pausa distinta, más larga, más pesada. Cuando volvió a hablar, su voz había cambiado.