Cuando don Eusebio Ramírez la encontró, apenas podía mantenerse en pie. El hombre de sesenta y nueve años regresaba de pescar y vivía solo en una pequeña comunidad de la sierra. No hizo preguntas innecesarias. La cubrió con su chamarra, la llevó a su casa y le dio ropa que había pertenecido a su esposa.
Ese gesto sencillo fue lo que permitió que Mariana tuviera tiempo para pensar.
Mientras tomaba café y recuperaba fuerzas, comenzó a ordenar señales que durante meses había intentado ignorar.
Cuatro meses antes había encontrado una póliza de seguro de vida por ocho millones de pesos. El beneficiario era Sergio.
Al principio quiso creer que existía una explicación. Después descubrió algo todavía más inquietante: Nexo, la agencia privada de investigación que Mariana había ayudado a construir, estaba relacionada mediante una sociedad controlada por la constructora de Sergio.
Ella había firmado esos documentos años atrás porque él le dijo que era una estrategia administrativa para proteger el negocio.
Ahora todo parecía diferente.
También estaba Paulina Montes, la nueva socia de Sergio. Había aparecido justo cuando la constructora comenzó a enfrentar problemas financieros. Poco a poco, Mariana entendió que la deuda, el seguro y el control de la empresa formaban parte de una misma historia.
Tres días antes del viaje, ella había decidido enfrentarlo.
No había llegado con acusaciones impulsivas. Había llevado información.
—Sé que estás moviendo dinero y sé que mi agencia está relacionada con tus problemas.
Sergio no respondió con enojo. Esa fue una de las cosas que más tarde Mariana recordaría.
Él la abrazó.
Le dijo que la desconfianza estaba destruyendo su matrimonio. Le propuso alejarse unos días, hablar sin interrupciones y recuperar la confianza.