Un perro extraño se sentaba todos los días junto a la tumba de mi hijo; un día, decidí seguirlo.

Su cola golpeó la hierba una vez.

Ese pequeño movimiento me acompañó durante el resto del día.

Aun así, su presencia me incomodaba de una manera que no podía explicar.

No porque me cayera mal.

Todo lo contrario.

Había empezado a buscarlo todos los domingos.

Lo que me inquietó fue

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