—Lo que más me duele es que pudo haber cambiado de opinión. Tuvo meses para hacerlo.
Mi tía me abrazó.
—Hay personas que se acostumbran tanto a lastimar a los demás que terminan creyendo que tienen derecho a hacerlo.
Me quedé en la recepción hasta después del primer baile.
No quería marcharme de una manera que pudiera convertirse en otra acusación.
Cuando finalmente me despedí, Andrés me acompañó hasta la entrada de la hacienda.
—Lucía, lamento muchísimo lo que pasó.
—No tienes por qué disculparte por ella.
—Tal vez no. Pero hoy descubrí una parte de la persona con la que me casé que no conocía. Y necesito pensar mucho en eso.
Asentí.
No sentía satisfacción por sus problemas matrimoniales.
Nunca había deseado destruir la felicidad de mi hermana.
Lo único que quería era dejar de pagar el precio de mantenerla contenta.