Tomás sacó una fotografía.
En ella estaba él.
Y a su lado estaba Daniel.
Mi esposo.
Sonriendo.
Entre ambos había un barco de madera a medio construir.
Sentí que el aire desaparecía.
“¿Daniel te conocía?”
Tomás asintió.
“Me encontró cuatro años antes de morir.”
Daniel había llegado a su taller buscando madera de cedro.
Hablaron de barcos.
Después Daniel mencionó mi apellido.
Así comenzaron a descubrir quién era quién.
Daniel no confió de inmediato en la historia de Tomás.
Investigó.
Leyó las cartas.
Revisó fechas.
Quería protegerme.
“¿Por qué no me dijo nada?”
“Porque quería estar seguro.”
Entonces Tomás sacó una pequeña llave de latón.
“Daniel iba a contártelo.”
Miré la llave.
“¿Qué abre?”
“El barco de Mateo.”
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
“Hay un compartimento debajo de la quilla.”