Tomás sacó una fotografía.
Daniel y él estaban juntos en su taller.
En medio aparecía el pequeño velero de Mateo.
En la parte posterior, Daniel había escrito:
“Para la familia que todavía estamos construyendo.”
Tomás me miró.
“La última vez que vi a Daniel me dijo algo.”
Esperé.
“Dijo: ‘Si Lucía te da una oportunidad, no la desperdicies. Se ha pasado demasiados años cuidando a todos. Alguien tiene que recordarle que ella también merece que la cuiden’.”
No pude contener las lágrimas.
Tomás tomó mi mano.
“No puedo devolverte tu infancia.”
“Lo sé.”
“No puedo devolverte a Daniel.”
“Lo sé.”
“Pero puedo estar aquí ahora.”
Lo miré.
“Eso es suficiente, papá.”
Mateo gritó desde el muelle:
“¡Mamá! ¡Abuelo! ¡Vamos!”
Subimos al barco.
Cuando estuvimos lejos de la costa, Mateo abrió su mochila.
Sacó el pequeño velero de madera.