Todos estaban ahí.
Todos menos nosotros.
Valeria dejó el teléfono lentamente.
Caminó hacia el pastel.
En chocolate había escrito:
“Feliz cumpleaños 67, abuela.”
Se quedó contemplándolo.
—Supongo que no quedó suficientemente profesional.
—Valeria…
Se quitó el mandil.
—Tiremos todo.
—No.
—Mamá, por favor.
—No voy a tirar tres días de tu vida porque ellos decidieron comportarse así.
Fue entonces cuando mi teléfono vibró otra vez.
No era un mensaje.
Era una notificación bancaria.
Cargo autorizado: 24,860 pesos.
Restaurante Casa Lumbre.
Tarjeta empresarial.
Mi tarjeta.
Durante años había permitido que mis padres tuvieran los datos de una tarjeta secundaria para emergencias familiares. Medicinas, reparaciones de la casa, algún gasto importante.
Acababan de usarla para pagar la cena en la que habían decidido excluir a mi hija.
Miré la pantalla.
Después miré a Valeria, de pie frente a 23 platos intactos.
No solo habían despreciado su comida.