Llegó hasta una nave industrial en las afueras de la ciudad.
Antes de que pudiera decidir qué hacer, una mujer de cabello plateado salió del edificio.
Me observó desde la entrada.
«¿Mariana?»
Bajé lentamente del coche.
«Sí.»
«Soy Clara Robles. Conocí a tu padre.»
Sentí que el aire cambiaba.
Clara me condujo a una oficina llena de fotografías de muebles antiguos restaurados.
«Tu padre nos contrató hace años para proteger determinadas piezas de la casona.»
«Mi madre acaba de traer varias.»
«Lo sé.»
«¿Va a venderlas?»
Clara negó con la cabeza.
«No sin tu autorización.»
Sacó una carpeta.
Mi nombre aparecía en la primera página.
Mariana Ortega Salgado. Beneficiaria de control y protección patrimonial.
Tuve que sentarme.
«Mi madre cree que la casa es suya.»
Clara me miró con una mezcla extraña de tristeza y prudencia.
«Tu madre lleva muchos años diciendo eso.»