La mujer que compraba grandes cantidades de carne cada mañana y el motivo que sorprendió a todo el pueblo

Al mediodía regresaba al pueblo.

Nunca llevaba mercancía.

Nunca parecía haber vendido nada.

La historia comenzó a circular por todas partes.

Hasta los jóvenes que se reunían cerca de la plaza conocían ya la famosa rutina de doña Clara.

Pero ella parecía completamente ajena a los comentarios.

Saludaba a todos con educación y continuaba con su vida.

Don Ernesto, que la conocía desde hacía más de veinte años, jamás quiso preguntarle directamente.

—Si ella necesita comprar carne, yo se la vendo —decía—. Lo que haga después pertenece a su vida.

Sin embargo, incluso él tenía curiosidad.

Una mañana sucedió algo inesperado.

La camioneta de Clara no arrancó.

Después de varios intentos, el motor simplemente dejó de responder.

Don Ernesto salió de la carnicería.

—Parece que hoy ese vehículo decidió descansar.

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