La esposaron frente al tribunal por parecer una intrusa, pero nadie imaginaba quién era realmente esa mujer

—Miren esto —dijo a la cámara—. Una señora intentando entrar donde claramente no debe.

Elena giró la cabeza.

Reconoció su rostro.

Arturo todavía no reconocía el de ella.

—No grabe tan cerca —le pidió.

—Si está en un lugar público, cualquiera puede verla.

—No le he preguntado eso.

Arturo sonrió hacia su teléfono.

Ya tenía cientos de espectadores.

Salgado señaló el bolso.

—Mateo, tráelo.

El joven bajó los escalones y recogió la bolsa. Dentro había una computadora pequeña, una libreta, dos barras de cereal, una cartera de piel y una carpeta gruesa.

En la portada de la carpeta solo aparecía un número de expediente y dos apellidos.

Mateo no la abrió.

Dejó el bolso junto a Salgado.

—Ahí tiene —dijo Elena—. Abra el bolsillo lateral.

Salgado empujó el bolso con la punta del zapato.

La cartera cayó.

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