La letra de mi hija.
Decía:
“Para Valentina. Solo si de verdad lo necesitas.”
No pude respirar.
—¿Puedo abrirlo?
Valentina negó rápidamente.
—Es mío.
—Está bien.
—Pero tengo otra cosa.
Sacó una fotografía.
Lucy aparecía sentada en un banco junto a ella.
Debía tener catorce o quince años.
Las dos sonreían.
Yo jamás había visto aquella imagen.
—¿Dónde fue esto?
—En el parque de Santa Clara.
—¿Por qué Lucy nunca me habló de ti?
Valentina bajó la mirada.
—Porque tenía miedo de hacerle daño.
—¿A mí?
Asintió.
No entendía nada.
La directora intervino con delicadeza.
—Elena, quizá deberíamos llamar a algún familiar de Valentina.
La niña se puso rígida.
—No.
—Necesitamos saber con quién vives.
—No quiero regresar.
Aquello cambió inmediatamente la situación.
La directora pidió la presencia de la orientadora escolar.